Hasta lo imposible por pasar Química General y Orgánica

Lía Silva Jun 6, 2017
Compartir:

Mi primer semestre de odontología fue una montaña rusa en cuanto a mis notas, y a pesar de que logré aprobar todos mis ramos hubo uno particular que me hizo sufrir más que cualquiera. Química General y Orgánica fue mi pesadilla desde el primer día por muchas razones; las clases eran en un auditorio donde tenías que llegar de los primeros para poder ver la pizarra y escuchar a la profe porque ella no se ponía micrófono ni escribía de buen tamaño, nadie entendía las clases porque su forma de explicar era muy desordenada, los PowerPoint también eran un desastre y lo peor de todo era que cada clase era una infinidad de fórmulas, estructuras, conceptos y muchas otras cosas que tenías que aprender a utilizar en conjunto o estabas perdido.

Mis primeras notas fueron horribles, un 2 en la solemne, un 2 en el control y un 3 en el laboratorio, parecía que las cosas no iban a mejorar de ninguna manera porque no conseguía una estrategia que me diera buenos resultados; fotocopie toda la literatura obligatoria y complementaria creyendo que más era mejor, estudie con varios grupos de compañeros a para ver si entre todos podíamos lograr algo, vi varios tutoriales en youtube para probar un método diferente de aprendizaje y resolví varias guías que habían en internet. El gran problema de todos estos métodos era que aunque estuviera estudiando lo mismo en todos, parecía que la información nunca era la misma.

Con el paso de los meses mis notas subían y bajaban dependiendo de cuánto lograba aprender semana a semana y nada me aseguraba que lograría llegar al exámen. Como toda persona bajo estrés comencé a obsesionarme con el ramo y en mi cabeza la química era un pensamiento constante y abrumador que me mantenía despierta en la noche.

Mi mayor miedo no era reprobar química, sino que era el hecho de sentirme incapaz de superar las adversidades del ramo y decepcionar a mis papás, claramente tenía una presión familiar innecesaria que no aportaba nada más que negatividad en mi vida.

Un día estaba con uno de mis varios grupos de estudio y mientras manifestaba mi pena por no poder sacarme buenas notas, una compañera me contó que su amiga de otra carrera había estado en la misma situación que yo con química y que todos sus problema se habían solucionado gracias al ayudante. Luego de unos pocos whatsapps ya tenía su número en mis manos y solo tenía que averiguar cómo era el tema de las clases particulares.

Luego de contactarlo me dijo que cobraba $10.000 por una hora de clases de la materia que yo necesitara reforzar, en un principio me sentí incrédula y mis compañeros me decían muchas cosas que me hacían desconfiar -a pesar de que ninguno había tomado clases con él- pero decidí pagarle de todas formas. Esta fue lejos la mejor idea que me habían dado desde que empecé el ramo, el ayudante enseñaba mucho mejor que la profe, tenía reglas mnemotécnicas buenísimas para recordar los ejercicios y las estructuras, me pasó un montón de resúmenes para que estudiara y además me respondía las dudas por whatsapp, el único problema era que tenía que absorber todo lo que aprendí con él en menos de 24 horas porque al otro dia era la última prueba del ramo y necesitaba un 5 para presentarme a examen.

Fue una de las noches más largas de mi vida, colapsaba de nervios cada una hora, tenía calambres por estar en la misma posición tanto rato, sentía que de ninguna forma lo iba a lograr pero no renuncié, aproveché hasta los segundos antes de la prueba para estudiar y me esforcé como nunca mientras la rendía para recordar todo lo que fuera posible.

Luego de una semana y media de incertidumbre la profesora subió las notas y me había sacado un 5,1, sentí como me volvía el alma al cuerpo después de varios meses y al fin había encontrado una forma práctica para aprender química. Cuando llegó el día del examen estaba bien preparada y había tomado una segunda clase para dejar atrás cualquier duda que pudiese surgir en el momento, finalmente me volví a sacar un 5,1 y aprobé el ramo.

La moraleja de la historia es que siempre hay una salida alternativa a los problemas, lo importante es nunca dejar de buscarla. Hoy ya estoy en tercer año y mi frase preferida es "si pude pasar química puedo pasar cualquier cosa".